miércoles, 11 de enero de 2012

Un viaje a Londres; Capítulo 1: Mal educados.

Se movía inquieta entre sus sábanas, sencillamente la emoción no la dejaba en paz ni un momento. Se imaginaba mil y un posibilidades que se le habían abierto en un solo segundo con algo que no esperaba conseguir.

Harta de no poder conciliar el sueño, pateó las mantas para poder asomarse por la ventana. Como supuso; aún no amanecía y la luna se encontraba en todo su resplandor. La contempló recordando que antes siempre cantaba mirando el cielo estrellado, en soledad, para luego poder cantar en público que fue lo que la llevo a obtener aquello como más que un pasatiempo, o en más que sólo eso lo pretendía convertir aprovechando lo que le había sido entregado.

Tomando sus audífonos, los únicos capases de calmar su ansiedad y mientras se sumergía en la melodía lentamente se prometió en silencio a si misma aprovechar la instancia musical que se le estaba dando, a toda costa, superando todos los obstáculos. No fue hasta que ese último pensamiento cruzó su mente que pudo dormir profundamente y a la mañana siguiente recordar rápidas imágenes de lo que le habían parecido eran correspondientes a su sueño, de aquella noche que por más que lo intentara no podía recordar con completa claridad.

—¿Estás segura de esto cariño? —cuestionó su madre entrando a la habitación de su hija.

Mientras ella sólo miraba el techo de su habitación apreciando el papel tapiz diseñado por ella misma que consistía en miles de imágenes de sus más grandes ídolos musicales, entre ellos la más especial; Amy Lee, la vocalista de Evanecences que además de ser preciosa poseía un canto lírico envidiable.

—Sí, estoy segura mamá —respondió mirando a su madre ahora con una media sonrisa intentando darse la seguridad que necesitaba tanto ella como si misma.

—Estarás sola —advirtió esta vez en busca del cambio de decisión de su hija, más sus esperanzas de conservarla con ella se esfumaron antes tu respuesta.

—Lo sé, te extrañaré mucho a ti, papá y Jenny —contestó, esta vez matando por completo las intenciones de su madre para que se quedara, mientras la abrazaba fuertemente—. Aprovecharé esta oportunidad al máximo, por algo me la he ganado —explicó conteniendo sus propias lágrimas y tratando de mantener su decisión firme.

Luego de esta conversación se encaminaron velozmente al aeropuerto, debido a que el vuelo que la aguardaba no tardaría demasiado en salir.

—Cuídate mucho —dijo su padre con un fuerte abrazo.

—Lo haré papá, los llamaré en cuanto pueda, lo prometo —respondió ante su petición, devolviendo el abrazo con mucha emoción tanto de alegría como de tristeza.

—Te voy a extrañar Pau —susurró su hermana pequeña con los ojos cristalizados a punto de desbordar lágrimas, algo completamente natural, ya que la chica sentía que estaba perdiendo a su hermana mayor para siempre.

—Yo también te extrañaré Jenny —sonrió con tristeza y conmovida acariciando la cabeza de cabellos ébanos de su hermana para luego darle un apretado abrazo, definitivamente extrañaría las peleas con ellas mientras estuviera en Londres.

Antes que las grandes emociones que se mantenían en su pecho reprimidas decidieran, sin su consentimiento, liberarse a través de sus ojos avellana, tomo una gran bocanada de aire, aquí es donde su travesía daría inicio al fin, tomó todo el oxigeno que sus pulmones le permitieron dándole el simbolismo de una tomada de fuerza, de valor y coraje que necesitaría guardando los muchos recuerdo que le harían falta.

Agarró su maleta por el mango con sus más valiosas y primordiales posesiones para dirigirse a la puerta de entrada que la conduciría al avión. Entregó su ticket de vuelo y pasaporte a la recepcionista que al leerlos la dejó pasar.

Ya más cerca del asiento número 24 pudo apreciar todos los asientos ocupados a excepción de uno, el suyo. Sonrió sutilmente para avanzar con mayor rapidez entre la gente y sentándose de una vez dejándose caer muerta. Nunca antes había viajado en avión, pero a su vez tampoco le ponía nerviosa que fuera su primera vez en uno. Una vez cómoda en su asiento aprecio un poco el avión desde el interior era bastante lujoso, no primera clase, pero no estaba nada mal. Miró a su lado y pudo notar que su compañera miraba por la ventana perdida en sus pensamientos, no quería molestarla, sin embargo, no pudo evitarlo.o con sus más valiosas y primordiales posesiones para dirigirse a la puerta de entrada que la conduciría al avión. Entregó su ticket de vuelo y pasaporte a la recepcionista que al leerlos la dejó pasar.

—Señorita Paulette, pase por esta puerta, al fondo le indicarán su asiento —señaló la asistente mirando los documentos comprobando que todo estuviera en orden.

Al pasar por la puerta una parte de sí misma se queda allí, avanzaba sola esta vez. Todo sería más difícil, eso era algo que tenía más que claro, trabajaría y cantaría en un lugar nuevo en el cual probaría su valor artístico.

“Señores pasajeros, informamos que el vuelo 094 con destino a Londres está a punto de despegar. Rogamos a ustedes tomar sus asientos y ponerse el cinturón de seguridad lo ant

es posible. Por su atención: gracias” se escuchó por el altoparlante.

Luego de este anuncio la pelinegra se apresuró a encontrar su asiento dentro del avión.

Asiento 27, 27, 27, 27… susurraba avanzando por el pasillo mirando a todas las personas ya ubicadas. Quizás era una manía suya mirar a todas las personas a los ojos pero era algo inevitable—. Disculpe murmuró al chocar con una señora sin intención alguna—. “Espero no me toque sentarme con alguien desagradable por favor” pensaba para sus adentros después de que la señora de hace dos minutos le respondiera de forma grosera a lo cual Paulette sólo la ignoró y suspiro pesadamente, no volvería a pedir disculpas a una persona como ella.

Eh… Hola saludo en un volumen más o menos bajo esperando que solo la chica a su lado pudiera escucharla.

Hola se giró lentamente esta saludando en tono cortante y con sólo una sonrisa de cortesía.

Soy Paulette Galé, un gusto dijo intentando entablar una conversación y sonando educada con una sonrisa alegre en su rostro.

Alice, Alice Brown, el gusto es mío respondió marcando un poco más su sonrisa para agregar luego de una corta pausa ¿A qué se debe tú viaje?

Beca de estudios en la escuela de música de Londres responde Paulette con orgullo.

Ya veo… murmuró comprendiendo la situación yo también tengo una beca de estudios ahí. Ojalá seamos compañeras explicó con una sincera sonrisa.

¿En serio también vas ahí? Genial, ojalá podamos ser compañeras respondió emocionada a punto de saltar en su silla si no fuese porque el cinturón de seguridad se lo impedía.
El viaje que hasta esos minutos hubieran sido eternos, pasaron casi como segundos al conversar animadamente todo el trayecto. Intentando no reír con fuerza ante ciertas anécdotas, ya que el señor de atrás las hacía callar cada dos segundos, conociéndose un poco más y haciendo amistad en sólo minutos, algo extraño para Alice que no acostumbraba a darse con facilidad con la gente y para Paulette un avance frente a la situación.

Después de todo, este viaje no será tan pesado si las cosas se siguen dando así de fácilpensaba para sus adentros Paulette. Minutos antes de que el viaje concluyera.

“Señores pasajeros el viaje a concluido, retírese tranquilamente por la puerta de acceso. Gracias por viajar con nosotros.” se oyó de un minuto a otro por el alto parlante.

Que mal que el viaje terminara tan rápido, estaba divertida admitió la chica de melena negra.

Si quieres podemos irnos juntas a la academia de música, arreglar el papeleo y todo eso comentó Alice, dando a entender que también le agradaba su compañía ¿Te quedarás en un hotel o tomarás el hospedaje de la academia? cuestionó mientras tomaban sus maletas de la barra transportadora.

Tomaré es hospedaje de la academia murmura apenada la joven Galé, su familia no era de demasiados recursos como para pagar un hotel, menos en Londres.

Yo también tomaré el hospedaje admitió chica de ojos chocolate con una sonrisa para darle más confianza a su compañera—. Vamos agregó alzando su mano en una seña para llamar al taxi.

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Definitivamente todo marchaba a la perfección según Paulette, ya había hecho una amiga en el avión, la cual resultaba que iba a ir a la misma academia que ella, si todo seguía igual de bien podrían hasta estar en el mismo cuarto.
Eso sería lo mejor susurró en voz alta llena de emoción sentada en el sillón de la recepción esperando a Alice quién había ido a pedir las habitaciones.

Después de ese pensamiento observo unas pinturas y fotografías colgadas por la recepción, había hasta un estante con algunos listones y premios. Por varios minutos los contempló, de verdad deseaba con todo su corazón poder ganar alguno y se sentía aun más afortunada que antes de encontrarse parada en aquel lugar. Su emoción era desbordante, tanto que sin notarlo giro sobre sí misma con los brazos abiertos logrando pasar a llevar a alguien que pasaba por ahí.

Ten más cuidado chica —se quejó el joven de cabellos chocolate notoriamente molesto—. Tonta… susurró.

¡Hey! Fue un accidente, no tienes ningún derecho a tratarme así respondió algo alterada la joven Galé habiendo escuchado claramente el insulto y girándose a ver al responsable.

Parte su ira roja contenidas en sus mejillas pasó a ser el significado de otra cosa, al ver que el joven con el que había chocado -y la había tratado tan descortés- era tan enferma y exageradamente guapo para su percepción; Era notoriamente más alto que ella, de piel blanca más no en exceso, cabellos alborotados de un castaño claro confundido con rubio a la luz y unos ojos azules que la miraban con fijeza.

La chica sostenía perfectamente la mirada del joven que parecía no tener modales. Parecía que llevaban haciendo eso hace horas, sin embargo, solo se trataba de medio minuto como máximo, hasta que él alzó una ceja alegando que continuara hablando porque al parecer éste terminaría ignorándola de todos modos. En ese medio minuto de silencio la voz de Paulette se había bajado a su mínimo volumen, secándose en sus pensamientos, como si el aire se hubiese cortado.
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Idiota susurró saliendo de sus pensamientos a la realidad corriendo la mirada tratando de irse y terminar por donde el chico también pretendía hacer, ignorarse mutuamente frente al problema.

Pues tú tampoco tienes derecho a llamarme así, mocosa. Pero no tengo para discutir con una niñata notoriamente turista, tengo mejores cosas que hacer y estoy ocupado. Diría que fue un placer, pero sería mentir mencionó con burla el desconocido joven antes de marcharse con una parcial sonrisa burlona para después hacer una mueca algo de asco y desprecio.

Si bien hace un minuto el rojo en las mejillas de Paulette pasó de ira a algo de Vergüenza ahora eran de una ira más notable y furiosa a punto de explotar. Lo hubiera seguido y golpeado, haciendo que se arrepintiera de cada una de sus palabras de su propia forma, pero antes de poder hacer todo eso comenzando por un grito de atención y rabia contenida, Alice había llegado.

¿Quién era él? ¿Ya conseguiste novio? bromeó la chica de cabellos castaños acercándose a la joven Galé con una sonrisa divertida.

¿Novio? repitió la aludida incrédula—. Yo jamás podría tener a alguien tan arrogante, amargado, descortés y como si fuera poco idiota como novio bufó recordando su actitud frente al pequeño incidente, para volver a enrojecer de ira, pasando luego a recodar su mirada penetrante —. Aunque si confieso que era guapo suspiró rodando los ojos mientras escuchaba la risa contenida de su nueva amiga—, pero no es como si eso fuese realmente relevante —agregó tratando de darle más importancia a lo imbécil que era que su apariencia.

—Si tú lo dices —sonrió Alice divertida por las contradictorias reacciones de Paulette
. Apropósito, seremos compañeras. Convencí a la recepcionista de que nos pusiera juntar, ya que te iba a tocar con otra chica, una tal Tiffany, pero bueno, hice unos arreglos. Si no estamos en la misma clase al menos tendremos el cuarto para conversar agregó subiendo en el viejo ascensor de la residencia seguida por al pelinegra.

Genial, prefiero estar con alguien conocida que por conocer de nuevo. Me agradas comentó la Galé contenta y con sinceridad, olvidando lo ya sucedido con el chico, la posibilidad de volver a verlo era -y esperaba que fuera- mínima.

Tú también y no suelo ser ni agradar a mucha gente rió un poco avergonzada mientras recordaba ciertas cosas la joven Brown para luego enfocar sus ojos pardos a la aguja que marcaba los pisos del ascensor de forma ida, como si su mente hubiera divagado rápidamente al pasado.

¿Estas de broma? Es obvio que si le agradas a la gente de forma rápida, eres muy agradable es algo innegable —respondió la pelinegra sin poder aceptar o creerla respuesta de Alice.

Esta en respuesta sólo sonrió.

Es nuestro piso comentó desviando el tema.


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Soltó una gran suspiro para luego tumbarse en su cama, al fin había terminado de desempacar y ordenar todo lo que había traído.

No podía creer que estuviera ahí, se supone que era una residencia de hospedaje, por ello esperaba encontrarse rodeada de unas camas, un baño y nada más pero fue toda una sorpresa.

¡Era prácticamente un apartamento, un cuarto de hotel con todo!

Era bastante espacioso para dos chicas, cada una con su cuarto propio y un cuarto extra, lo que quería decir que era posible que las pusieran con otra compañera, pero era un detalle que más adelante se vería. Tenía un Baño bastante grande con una ducha y una bañera, un mueble para toallas y/u otras cosas también grande y bien equipado. Una cocina americana con todo lo necesario más loza extra, un refrigerador lleno de comida y vasos de vidrio. Un living comedor con todo lo que esto implica. Y finalmente un cuarto de estudio musical anti ruido con instrumentos, micrófonos y una pequeña sala de grabación con los controles necesarios.

Simplemente impresionante.

Miró el techo completamente tiesa, estaba agotada y los cambios de horarios no la ayudaban del todo. Ya estaba oscureciendo en Londres, sin embargo, a pesar de su agotamiento era muy posible que le costara dormir por la mezcla de sentimientos de emoción, tristeza, melancolía y miles de otras que se albergaban en su tráquea, mente y estómago.

Se levantó de súbito, no había llamado a sus padres.

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Bien, si no estaba agotada hacía un rato ahora con la llamada de dos horas de sus padres explicándoles y contándoles un poco de este medio día en Londres, sí que había terminado agotada.

—Se ve que tienes una buena relación con tus padres —mencionó Alice asomándose por la puerta del cuarto de Paulette, sorprendiéndola de la abrupta interrupción dando un pequeño salto.

—Sí, ya les extraño un poco —sonrió sentándose en la cama, la joven Galé.

—Me imagino —comentó apoyada en la entrada, Alice.

—¿Y Tú familia? ¿Ya los llamaste? —preguntó curiosa siguiendo el tema la pelinegra.

—Si, claro —contestó con incomodidad la castaña, para luego proseguir— ¿Terminaste de arreglar?

—Sí, me demoré un poco, pero está listo. Es mejor hacerlo todo de una vez —respondió Paulette — ¿Tú?

—También, creo que tenemos esa idea en común —sonrió en respuesta—. Y… ¿Quieres salir? Digo, conocer y dar una vuelta por Londres o quizás mañana en día y ahora cocinar o pedir algo, tú dime, yo no tengo muchas ideas.

—Mmm.. ¡Ya sé! Hagamos una piyamada —mencionó la pelinegra con ánimo levantándose de su cama finalmente

—¿Una piyamada de dos personas? —cuestionó alzando una ceja dudosa, pero divertida al mismo tiempo, la aludida.

—¿Conoces a alguien más? —interpeló Galé con algo de sarcasmo haciendo el mismo gesto con la ceja.

—Pues, no —rió Brown rompiendo el momento de miradas incómodamente divertidas.

—Entonces, creo que seremos dos, así nos conoceremos mejor —finalizó Paulette tomando a su compañera de la mano para llevarla a la cocina y comenzar con su “fiesta”.

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Sí había sido una noche divertida, con películas, conversaciones por horas y una buena comida casera. No había sido mala idea después de todo, ya que tenían todo el fin de semana por delante antes de sus clases y dormir tarde era una opción, pero la verdad es que su diversión era tanta que el cansancio desapareció completamente de sus cuerpos.

Entre sus conversaciones algo más profundas, sin tonterías y anécdotas, Alice y Paulette pudieron conocerse, ver que le molestaba a la otra. Por ejemplo a Paulette le desagrada la gente amargada, que siempre anda desquitándose con los demás y no disfrutan reír, algo que Alice pareciera compartir, aunque muchas veces lo justificaba. Y también que a ambas les gusta mucho las cosas dulces, sin embargo a Alice un poco más lo agridulce. Así entre otras cosas y muchas risas terminaron en el piso recostadas viendo por el ventanal de la sala de estar las estrellas desaparecer ante el brillo del sol.

—¿Crees que podamos dormir? —preguntó Alice al aire viendo la última estrella desaparecer.

—No lo sé, pero alguien tiene que ir por comida para el desayuno —respondió en la misma ensoñación la joven Paulette.

—Bien, ¿quieres ir tú? —cuestionó levantándose refregándose el cabello castaño—. Yo limpiaré y ordenaré todo esto a lo que vuelvas —sonrió tomando su cabello rápidamente en un moño.

La pelinegra se levantó aún sin responder mirando el desastre con preocupación, había recipientes de helado, papas fritas, bebidas y hasta pizza. Sin contar que habían corrido los muebles a su antojo y la alfombra estaba echa un asco. Ni hablar de cómo se encontraba la cocina.

—¿Estas segura? —preguntó dudosa la joven Galé.

— Sí, despreocúpate, de aseguro que lo que vuelvas estará listo —mencionó divertida la joven Brown por el gesto de cansancio de Paulette—. Si llegas y no he terminado, puedes ayudarme —agregó para que la pelinegra se relajara y pudiera irse tranquila.

—Está bien. Eso me gusta más —respondió entrando al baño, darse un rápido arreglo, un cambio de ropas sencillo y llegando a la puerta a los minutos siguientes—. Volveré pronto —dijo antes de cerrar la puerta tras de sí.

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Now that I know what I'm without you can't just leave me.
Breathe into me and make me real Bring me to life. —cantaba por la calle, con las bolsas de supermercado en sus brazos, casi saltando o danzando por la calle al ritmo de la música que iba cantando a acapella.

Encantada con la canción, con su letra y su ritmo, ensimismada completamente, jamás vio al chico que venía casi corriendo en dirección opuesta. Él la esquivó en el momento ella apareció de sorpresa en su apurado camino, sin embargo, su hombro chocó con el de ella ocasionando que sus bolsas cayeran al piso saliendo de la misma.

—Oh, rayos —se agachó a recoger las cosas la joven Galé—. Ten más cuidado —bufó antes de que el chico de gorra y mechas rubias se marchara.

—Lo siento mucho, si te llego a ver de nuevo lo compensare, ahora estoy algo apurado. Adiós —sonrió mirando a la chica haciendo un gesto de despedida con la mano.

Paulette lo miró y alzó una ceja interrogativa. << Acaso todos en Londres eran tan… ¿mal educados? Aunque debía reconocer que aquel chico fue algo más educado que del día anterior, sin embargo, de todos modos… >>

—Tarado —bufó poniendo la última cosa en la bolsa y caminando a la residencia.

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