viernes, 8 de julio de 2011

Un hermoso tesoro prohibido* [Colectivo ADL]

Advertencia: Este escrito esta basado en una historia colectiva en Universo Fanfics llamado Abbandonato dalla Luce: Dobbiamo uscire di qui!. El cual trata de una urbanización prohibida en la que habitan vampiros y donde unos jóvenes adolescentes van a parar.
Este historia de capítulo único es un Yuri o mejor dicho Shoujo ai (relación chicaxchica).
Sin más les dejo la historia.


Un hermoso tesoro prohibido.

Aquel lugar la había cambiado, pudo apreciarlo ella misma dentro de de sí desde el comienzo. No fue sencillo, jamás lo sería proviniendo de ella, pero pareciera que aquél “mágico” lugar también podía cambiar a la gente.

Un persona completamente poco afectiva, que con suerte demostraba su cariño de una forma no-habitual sólo con sus hermanos, por fin terminó siendo más cariñosa, sociable y comprensible hasta el punto de tener una amiga.

Sí, la insoportable y antisocial Trinity Bacarrezza tenía una amiga, una que con la cuál le costó forjar amistad por distintas razones, aparte de su horrible carácter. Sin embargo, realmente parecía ser que ese lugar la había cambiado, o quizás la circunstancias, no estaba segura del todo, pero si estaba segura que se sentía un poco más completa ahora que luego de muchos años podía decir que tenía una amiga.

No fue sencillo, al contrario la peli rubia platinada se llevaba del asco al inicio con la otra, no se toleraban por el simple hecho de que al compartir opiniones la primera se alteraba y por consecuencia natural la segunda la ignoraba haciendo a Trinity explotar de rabia e ira por dejarla hablando sola. Además la cosa no terminaba ahí, otro gran problema que les generó odio en un principio fue que parecía que les atraía el mismo vampiro, aunque la otra no lo asumiera, la joven Bacarrezza lo sentía y no soportaba la competencia, mucho menos por haber sido derrotada. Pero para suerte de ambas, eso fue lo que las terminó uniendo, necesitaban un apoyo, uno femenino, humano, que entendiera su postura, que pudiera aconsejarla, darse un cobijo mutuo.

Y encontraron eso la una en la otra.

Elisabetta Adaggio pasó de enemiga-rival a ser la mejor amiga de Trinity Bacarrezza algo inimaginable por todos. Fueron las mejores amigas de un momento a otro y lo siguieron siendo, dándose siempre fuerza necesaria a la otra, incluso en el momento en que ambas decidieron irse, juntas, y salir de todo ello.

Cuando salieron de la urbanización de vampiros, aun luego de todo lo sucedido dentro; amistades, amores, guerras, luchas, etc. Salieron con las manos tomadas, apretadas, dándose esa valentía que durante segundos podía faltarle a la otra.

Un paso importante para ambas, uno que seguramente no olvidarían, ya que después todo lo sucedido en el lugar desconocido para muchos, ellas fueron la únicas que quedaron aún unidas.

Elisabetta era indispensable para Trinity y viceversa desde ese día en adelante, más aún, indispensable desde el momento en que ambas confiaron en la otra. Se querían, se adoraban, se amaban hasta cierto punto más allá de donde si quiera otros pocos habían tocado sus corazones.

Un gran calor la invadió en el momento en que finalmente estaban fuera y se abrazaron, ya que las manos no eran un suficiente apoyo frente al terror que sintieron un segundo. Estaban haciendo lo mejor se susurraban en el oído, conteniéndose por completo, evitando a toda costa que sus ojos se cristalizaran.

Trinity se sintió un poco extraña, quería un poco más de ese calor cuando se soltaron finalmente.

— Eres la mejor, Adaggio —comentó sonriendo sutilmente como de costumbre, llamándola por el apellido como hacía muchas veces antes con desprecio, sin embargo ahora mencionándolo con gran afecto y cariño—, y tu sabes que yo no le digo eso a cualquiera —agregó con cierta risa de ambas.

— Lo sé —rió un poco consiguiendo lo que la rubia esperaba, tranquilizarla y hacer la sonreír—. Te quiero mucho, Trinity —sonrió superficialmente la pelinegra de reflejos azules sacando otra de su querida compañera.

— Yo también a ti, Ell —con alegría, estaba acostumbra a esas demostraciones de afecto con la chica, una que no tenía con nadie más que pudiera recordar, una chica que le saca alegría fácil aunque todo estuviera difícil.

Aún con su mano izquierda tomada, sin soltarlas un segundo, con la otra mano acarició la cercana mejilla de la pelinegra. Su piel era tersa y suave casi tanto como la propia de la rubia. Se acercó a ella con lentitud, una que pareció eterna tanto para sí misma como para la Adaggio, para finalmente ser depositados suavemente en su mejilla.

— Será divertido que conozcas a mis hermanos, son un fastidio muchas veces, pero de seguro les gradas más que yo —comentó divertida imaginando sus miles de preguntas y como defendería a Elisabetta a cada momento diciendo que debería ser como ella y que era una mala influencia para la pelinegra.

— Seguro —rió nuevamente la joven de ojos rojos.

Todo continuó normal, si bien ambas extrañaban estar de nuevo en la urbanización, se habían ido con algo muy valioso de allí, con una extraña amistad donde ninguna era muy similar a la otra, pero si lo suficiente como para agradarse y confiar plenamente en la otra.

Trinity tuvo ganas de besar por un segundo y lo hubiera hecho posiblemente, si no es porque su amistad valiera más que un experimento de su afecto por ella. No se permitiría perderla por algo así, era su amiga y siempre lo sería, por respeto, por su cariño, por todo lo que ella valía para la joven Bacarrezza, algo con más valor que todo el universo entero.

Porque ella era su tesoro; su prohibido, hermoso y valiosísimo tesoro.

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