martes, 28 de junio de 2011

Maldita curiosidad.*

Rejada, como en todo momento o como gran parte del día estaba con él. Bromeaba exigiendo la explicación sobre una cosa intangible, aquello que al igual que un pequeño, no demasiado similar a su estado etario, buscaba con anhelo sin importar las consecuencias, para ella siempre las ansias de saber eran más fuertes que cualquier cosa. Al menso antes del momento en que todo cambió la legre expresión su rostro.

Nunca le había todo el peso a las cosas, no le gustaba, no era lo suyo. Improvisar, siempre era una opción factible, no era l mejor, pero muchas veces resultaba relativamente bien.

— Bien, suéltalo —exigió sonriendo, la intriga la mataba hace días.

No toleraba muchos los silencios, como si pensaran demasiado las cosas, no lo soporta. Mucho menos le gustaba que no dijeran las cosas en el momento, lo aborrecía, “en el momento que se piensa, se dice” creía y era parte de su filosofía la mayor parte del tiempo.

Un respiro profunde se escuchó por la contra parte que busca el contacto corporal y visual en busca de apoyo.

— Ehh… —murmuró por un segundo— me gustas —concluyó en susurro con miedo.

Todo cobró sentido en aquel momento, sin embargo, también parecía haberlo todo perdido todo.

No podía ser verdad, gritaba la mente de ella. Secuencias de imágenes en microsegundos pasaron por su mente: comentarios, buenos y malos, situaciones. Como si todo fue lógico e ilógico en el mismo instante. Era su amigo, su hermano, aquel que la abrazaba de vez en cuando y era “una dulzura con patas” como solía expresarlo con elocuencia.

En otra micra de segundo pensó que se trataba de una broma y estaba a punto de reír pero por otra parte se dio cuenta que tampoco consistía en ello.

Quizás lo sabía desde un inicio y sólo lo negó.

A cada segundo todo estaba peor, no sabía que responder, pero tenía que decir algo.

Se sentía mal, el pecho se le oprimió de angustia, así como él lo estaba con los nervios todos estos días.

Era difícil, algo en su interior le decía que a pesar de todo, lo que le dijera, lo que no o lo que hiciera; igual su amistad no sería la misma, era doloroso en cierta forma, pero ya no se podía a ser nada sólo afrontar. Ella no lo quería de la misma forma y era algo que le dolía decir luego de todo lo que sabía que había pasado antes, lo veía como su hermano y nada más. Lo quería, no había duda y mucho, era importante para él y quería estar siempre que la necesitara, aunque esta vez parecía que no podría.

Tenía un miedo terrible a perderlo, como antes le había pasado un par de veces con otros amigos. No quería, quería simplemente hacer como que anda pasó y si fuese posible con una goma y borrar esos sentimientos no correspondidos, porque le dolía no poder corresponderlos y saber que eso le hacía daño a él.

Era todo tan difícil y sólo estaba empezando.

“Maldita sea mi curiosidad”.

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