viernes, 21 de diciembre de 2012

Un viaje a Londres; Capítulo 3: Los comienzos de algo nuevo, nada es perfecto.*


Agotadísimas por la noche anterior, el cambio de horario y la salida del día, no alcanzaron a conversar ni unos minutos después de que pusieron un pie en el pequeño apartamento. Arrastrando los pies llegaron a sus camas, luego de un zombie buenas noches y durmiendo con la ropa puesta, amanecieron al día siguiente.

—Buenos días —bostezó como por décima vez la chica de melena oscura desde que abrió un poco sus ojos en la cama apreciando con sus diminutos ojos el techo, pero esta vez frente a su compañera— ¿A qué hora tenemos la primera clase?

Alice aún soñolienta se puso a hurgar en el cajón de la cómoda donde dejó el horario la noche anterior. Cuando por fin lo encontró tuvo que cerrar uno de sus ojos para leer debido a que aún no se acostumbraba a la luz.

—Vocalización —murmuró para luego hacer un movimiento de ojos con obviedad al igual que Paulette—, a las 11.00 con Rob.




Mágicamente el sueño a Paulette se le fue mientras soltaba un sonoro bufido. Lo detestaba. Y gracias a él tendría mayores motivos para llegar temprano, no quería darle razón para que la tratara nuevamente de mediocre. Apretó sus dientes en medio de ese pensamiento. Alice a distancia pudo oír un pequeño rechinido de estos, ni hablar del bufido, pero sólo sonrió, ella también detestó mucho a Robert en un principio y de todos modos no esperaba que eso le sucediera, eran circunstancias muy distintas.

Antes de entrar al baño con su ropa, que para su suerte dejó preparada la noche anterior, el timbre sonó. Ambas chicas se miraron por el pasillo con signo de interrogación en el rostro.

—Yo no espero ni llame a nadie —dijo Brown.

—Ni yo —respondió Galé, lentamente encaminándose a la puerta— Ya voy —anunció antes de que se hiciera presente nuevamente el llamado.

Tratando de verse algo presentable, se bajo el cabello levantado por el roce con las sabanas y con la cara algo más despierta, sin ya poder cambiarse ropa mostrando su piyama de dos piezas cortas y sensuales; camiseta sin mangas y short.

—Buenos días —saludó una chica al otro lado de la puerta—. Lamento la demora, soy Tiffany Blanc, su compañera —saludó haciendo una pequeña y disimulada reverencia.

Paulette y Alice que se encontraba en el pasillo por un segundo se quedaron paralizadas dé la impresión de la situación y por la chica. Era alta y esbelta, quizás demasiado delgada, rubia sin caer en el platinado que caía en cascada parcialmente lisa, de piel blanca como la nieve, sus ojos eran verdes perfectamente delineados  destacando al igual que sus labios rojos finos y delgados. Llevaba un vestido negro ajustado, corto y descotado de hombros, semiformal sin caer en lo gótico.

Por ese nombre no había dudas, era la chica que iba a compartir cuarto con ellas desde un principio que pensaban no había llegado.

—Eh, si, disculpa, pasa —habló rápido Paulette aún un poco pasmada en la puerta.

—Gracias —respondió nuevamente en ese tono elegante— Puedes decirme cual es mi cuarto. Si no me equivoco estaremos en la mismas clases, por lo que debo apresurarme —comentó pasando al pequeño departamento, su voz era algo cantarina.

—Es el cuarto de al fondo, te dejo ordenar mientras yo y Alice nos alistaremos para ir a la academia, si quieres te esperamos, tenemos vocalización a las 11hrs con Robert —comentó algo nerviosa dirigiéndose a su cuarto.

Sería mejor que fuera despidiéndose de la idea de tener un cuarto de ensayos con Alice ahora que Tiffany había llegado. Mientras se encontraba en la ducha fuera de la decepción del cuarto de ensayos, otra idea surcaba su mente, una nueva chica implicaba más que el cuarto menos, implicaba un ambiente distinto, más competencia interna y un montón de otras cosas.

¿Se llevarían bien? Esperaba que si, ¿y sino? No parecía ser del mismo estilo de Alice, mucho menos el de ella, sino que más bien todo lo opuesto a ambas.

Dejando un poco esos pensamientos de lado salió de la ducha y el cuarto de baño con toalla cubriendo su cuerpo, mientras que su cabello mojado quedaba descubierto. Rápidamente el baño fue ocupado por Tiffany en su lugar.

Las tostadas saltaban para ser untadas rápidamente con mantequilla o mermelada, un desayuno rápido y consistente sin mucha conversación debido a la prisa de salir. Cuando al fin lograron comer y salir del apartamento, viendo que todo marchara bien con el tiempo decidieron conversar lo poco que les permitiera el camino.

—Eh… Tiffany —comenzó hablando algo preocupada y nerviosa Alice— ¿Por qué llegaste tarde a la hospedería? Ya casi habíamos asumido que no llegarías e íbamos a convertir tu cuarto en sala de ensayos —rio un poco ante lo último siendo muy sincera.

—Puedes decirme Tiffa o Tiff si quieres —sonrió delicadamente la aludida—. Según me dijeron en recepción ustedes deben ser Alice & Paulette —agregó señalándolas correctamente, a lo que ellas asintieron—. Lamento haberles ocupado el cuarto, yo hasta hace unos días no iba a quedarme en el cuarto, pero finalmente tuve que ir —suspiró con pesadez—. Fue idea de mi madre, pero si quieren, puedo pedir otro cuarto para que hagan la sala de ensayos fuera de ahí o conseguir una de uso privado —ofreció con una sutil sonrisa.

Ambas chicas quedaron atónitas unos minutos confirmando también sus primeras impresiones, era una chica de dinero.

Luego de tratar de convencer a Tiffany que lo de la sala de ensayo ya no importaba, sin éxito alguno —ya que básicamente les dijo que de todos modos les daría la llave para cuando se les antojara. Llegaron los minutos antes necesarios a la Academia de música para buscar su salón, las tres juntas.

A la pelinegra del trio no le costó mucho notar que tanto Tiffany como Alice ya habían estado en la academia, ya que a ambas no les costó ni siquiera una pregunta el saber donde tenían que ir. Sintió un poco de incomodidad, de desventaja frente a sus compañeras, más aun pensando en que no deberían ser las únicas que ya habían estado aquí. Luego de aquello, esa desventaja pasó a ser un nerviosismo, uno que estaban empezando a calarle una pequeña inseguridad justo con un frío que recorría su espalda.

—¿Paulette? —llamó Alice al ver que en pleno pasillo su amiga había quedado atrás, congelada.

—Eh, si, ya voy, lo siento —respondió con torpeza despertando un poco de los temores que se apoderaban de ella.

Tiffany se volteó a observarla con un poco de detenimiento.

—¿Es tu primer año? —cuestionó con avidez la rubia a la joven Galé.

La aludida asintió.

—Siempre sucede ese nerviosismo la primera vez, tranquila, si estas aquí es porque eres apta y lo harás bien, piensa en eso —aconsejó sonriendo sutil y elegantemente como ya le era habitual, Alice con un asentimiento de cabeza dio a entender que estaba de acuerdo con Tiff.

La pelinegra devolvió la sonrisa a sus dos compañeras en agradecimiento para proseguir al salón que estaba a unos dos pasos, de apoco el frío se fue al entrar más en autoconfianza, aunque no a un ciento porciento.

—¿Nerviosa? —espetó una voz venosa al oído de Paulette al entrar, se giró, era Robert.

Rápidamente los escalofríos desparecieron y la joven Galé no hizo más que sostener su mirada al igual que su antipática sonrisa. Lo haría tragarse sus palabras, pensaba con ánimo mientras todo lo anterior se desvanecía lentamente de su mente.

Debido a que a las 3 chicas les queda aun unos minutos antes de comenzar la clase, se ganaron al final del salón en los últimos asientos en un semicírculo a conversar.

—¿No les parece que es muy joven el profesor de vocalización? Además de muy guapo —comenzó Tiffany en un tono normal de voz y sin pudor alguno, a pesar de estar a menos de dos metros del sujeto aludido.

—¿Te refieres a Rob? —preguntó con incredulidad y escepticismo Alice en un casi susurro y sorpresa.

Paulette rodó sus ojos, no comprendía qué diablos le veían a ese antipático profesor fuera de su físico y maldita sonrisa altanera.

—¿Conoces su nombre y lo tuteas? ¿Podría yo también o es que lo conoces de antes? —continuó la rubia con mayor emoción alzando levemente la voz y jugando con su cabello mirando de reojo en dirección al profesor.

—Fue… fue mi tutor personal —respondió Alice con cierto nerviosismo por el tono de voz de la rubia y porque sabía muy bien que Robert no era para nada sordo.

—¡Ohh! Ya veo, ya veo ¿me lo podrías presentar de una forma más personal? No tan pronto por supuesto, quiero analizarlo algo más —siguió con emoción en el mismo tono de voz, pero notando que se había pasado un poco cortó el tema justo en el instante en que el timbre sonó, lo cual en parte Alice y sobretodo Paulette agradecieron.

Miraron a su alrededor, les parecía raro que estuviera relativamente vacío, ya que ni la mitad los asientos estaban siendo ocupados. Por un momento Galé se sintió relativamente victoriosa con esto, pensando en que el tal profesor no era tan bueno como se mofaba y nadie lo quería. O al menos se sintió así hasta que éste le dedicó una mirada de malicia asociándolo todo; menos alumnos, más posibilidades de escogerla y hacerla quedar en ridículo.

Todo se quedó en silencio por un minuto hasta el profesor de decidió a empezar la clase, todas las miradas estaban fijas en él y por qué no, muchas chicas hipnotizadas con su belleza también.

—Buenos días, señores y señoritas —comenzó hablando con una sonrisa que hizo a más de alguna desfallecer.

Sorprendentemente Tiffany que había parecido interesada, no había cambiado su expresión ante sus palabras, continuaba con una superficial mirada y actitud coqueta como desde hace ya un rato.

—Bienvenidos a su clase de Vocalización, donde no sólo le prepararé las voces cada mañana para su largo día, sino que también cantarán un poco y trataremos de mejorar unas pequeñas fallas que puedan tener o hasta algunas más grandes —continuó recorriendo con la mirada a cada uno, deteniendo sus últimas palabras mirando en dirección a las tres chicas, más específicamente a la pelinegra.

—Soy el profesor Pattinson para ustedes —finalizó su pequeño discurso para, sin mayores rodeos, sentarse en piano comenzando con el calentamiento de las cuerdas vocales.

Pasaron aproximadamente más de una hora de pie haciendo escalas para calentar las cuerdas vocales. Ya cuando al fin esa parte se dio por concluida y Rob retara a dos alumnas por tomar agua gasificada, comenzaron las interpretaciones de música individuales de presentación.

—Bien, no todo esto podemos empezar con lo siguiente, que pase la primera… —cortó de repente el profesor tomando una lista revisando los nombres con detenimiento.

Paulette volvió a rodar los ojos por casi cuarta vez en el día, no tenía que se adivina para saber a quien llamaría…

—Alice Brown —llamó sonriendo al ver como la pelinegra estaba apunto de levantarse y sonrió ante su casa de sorpresa, que era casi tan grande como la de la aludida. Una vez a su lado y viendo su cara de interrogación— Escoge una canción cualquiera y cántala lo mejor que puedas, te seguiré en el piano —explico rápidamente.

Alice asintió, no tardó demasiado en decidirse por una y comenzó.

I just want you close, where you can stay forever, you can be sure, that it will only get bether, you and me together, throungh the days and nights, i don’t worry cause, everything’s  gonna be alright —cantaba completamente concentrada en cada tono y demostrando la canción a través de la mirada. Mientras que Robert no tardó más de unos segundos en reconocer la canción para seguirla—. People keep talking, they can say what they like, but all i know is, everything’s gonna be alright.

Muchos la miraban con cierta sorpresa ante la canción y la interpretación tan buena que Alice estaba realizando, pero ninguna estaba más sorprendida que Paulette. Ni Tiffany que parecía, solo escuchar y mirar detalladamente.

No one, no one, no one…Can get in the way of what I’m feeling. No one, no one, no one…Can get in the way of what I feel for you…you…you…Can get in the way of what I feel for you —siguió con más potencia en su voz y sin fallar en ninguna difícil nota de aquella composición.

Rob sonrió.

—Suficiente —cortó Rob finalizando rápidamente la canción con un toque del piano—. Excelente, sin errores en la entonación, sin embargo te pediría un poco de mejor respiración, ya que se te notó en el rosto algo de fuerza cuando estaba por acabarse el aire, respirando muy fuerte la vez siguiente. Nada mal Señorita Brown —explicó finalizando con una sonrisa más amigable a la castaña que ya conocía, a lo cual ella respondió la sonrisa con algo de nerviosismo.

—Gracias —respondió la chica con algo de indiferencia finalmente, después de todo lo conocía y no tenía el menor interés en ocultarlo, pero tampoco de pasarse para ser completamente obvia de ello, bastante tenía con que Tiffany lo hubiera notado y no quería más chicas pidiéndole que le consiguieran una cita con Rob o mandarle regalitos.

Alice bufó un poco para sus adentros mientras se sentaba en su puesto nuevamente. A Paulette le recorrió un escalofrío, posiblemente era la siguiente, ya que después de la bronca que le tenía, aquello era lo más obvio.

—Sigue… —murmuró el profesor tomando la lista de nuevo— Tiffany Blanc.

A la pelinegra parecía como si le hubiera caído la cara de impresión, la estaba ignorando y sabía si enfurecer por eso o simplemente tomarlo como un cese al fuego. Como fuera, la rubia ya se había levantando y camino sensualmente hasta cerca del piano, mantuvo su vista coqueta sobre Robert hasta que comenzó a cantar con una buena bocanada de aire.

There’s a fire starting in my heart, Reaching a fever pitch, It’s bringing me out the dark, Finally I can see your crystal clear, Go head and sell me out and I'll lay your shit bare. See how I leave with every piece of you, Don’t underestimate the things that I will do. There’s a fire starting in my heart,Reaching a fever pitch, And it’s bring me out the dark —comenzó con una voz relajada, melódica y bien entonada.

Los ojos verdes de la rubia brillaban con una pasión digna de alguien que siente la canción en el fondo de sí misma. Todos la miraban con sorpresa, inclusive se podía denotar un poco de la misma en Robert que se tardó un poco más que con Alice en seguirla con el piano. El ritmo de la canción cambió y Tiffa continuó.

The scars of your love remind me of us, They keep me thinking that we almost had it all, The scars of your love they leave me breathless, I can’t help feeling —cantaba con la misma potencia y dedicación que hace unos minutos. Finalmente de un momento a otro llegó la parte por la que todos tenían sus miradas fijas, el coro— We could have had it all, Rolling in the deep, You had my heart and soul, And you played it, To the beat.

Todos quedaron anonadados, había dominado perfectamente las notas altas y difíciles manteniéndola a la perfección. No hizo falta volver a escucharlo.

—Bien, no hace falta que lo repitas, quedó claro que dominas bien el canto. Sólo puedo pedirte que lo sigas perfeccionando porque no vi errores, al menos esta vez. Y créame señorita Blanc, soy un experto en eso —se limitó a elogiarla superficialmente acompañado de una sonrisa de cortesía con un deje de amabilidad, que hasta a Alice sorprendió un poco desde lejos.

La rubia se sentía realizada, lo había hecho apropósito desde un comienzo y su plan había funcionado. Respondió la sonrisa con una coqueta antes de susurrar un dulce “gracias” girándose para volver a su lugar. Todos tenían salir luego de aquella presentación, quien fuera que saliera se vería mal y sería claramente criticado.

La cara de alegría y satisfacción de Tiffany era grande frente a lo que había conseguido delante de todos y el profesor, no hizo falta que lo mencionara siquiera al sentarse con sus dos compañeras que le sonrieron y le codearon con cierta gracia. Mientras dentro de la pelinegra y la castaña no cabían dentro de las expectativas que había superado su compañera. En la pelinegra fue inevitable volver a sentir unos horribles nervios revolviéndole el estómago con fuerza, saltó muy repentinamente dé la impresión al escuchar su nombre.

—Paulette Galé —repitió con impaciencia Robert, al ver que al parecer no lo había escuchado, ya que pareció preguntarle con aire esperanzado a Alice si le había hablado—, su turno —sonrió con sorna ante su impresión y sus ojos algo de orbitados sin reaccionar, estaba asustada.

Camino dudosa hasta el frente mientras se decía cosas a si  misma tratando de subir su ánimo y confianza. ¡Maldición! Por qué tenía que ser ella la que viniera justo luego de Tiffany. En fin, ya estaba ahí y tenía que hacerlo sin reclamos para no darle más en el gusto a Señor Simpatía. Tomó aire y comenzó con voz lenta y lo más calmada que podía.

I want your ugly, I want your disease, I want your everything, As long as its free, I want your love, Love-love-love, I want your love. I want your drama, The touch of your hand, I want you leather studded kiss in the scene, And I want your love, Love-love-love, I want your love, Love-love-love, I want your love —era una de sus canciones favoritas en versión acústica, más de una vez la había cantado, pero nunca con tanto nerviosismo, su corazón estaba levemente acelerado y se encontraba desconcentrada de controlar su cantidad de aire—. I want your loving, And I want your revenge, You and me could write a bad romance —cantó tranquila el primer estribillo, pero el segundo no era tan sencillo—. I want your loving, All your love is revenge, You and me could write a bad romance —el tono era muy alto y el nerviosismo lo hizo quedar casi sin aire y desafinar un poco, pero continuó a pesar de todo— Oh-oh-oh-oh-oooh. Oh-oh-oooh-oh-oh. Caught in a bad romance.

—Basta —cortó de repente Pattinson con el mismo piano dando fin a la música, levantándose—. Me quedó claro que no sabes controlar bien la respiración y esos tonos altos te han sido casi imposibles. No hay dudas que te falta mucho para estar a la altura de las que ya han pasado a mostrarnos su habilidad —reprimió con seriedad y rudeza en sus palabras, pero también cargas de satisfacción al comprobar su teoría en público.

Los colores rojizos se apoderaron de la cara de la pelinegra que escuchó mordiéndose el labio para no protestar o gritar de ira, rabia, frustración, decepción personal y la vergüenza terrible que estaba pasando en aquel momento. Pero no fue suficiente, sin hacer mayores comentarios, ante una gran mirada atónita y unos cuantos obvios gritos por parte del mayor, abandonó la clase.

Se sentía horrible, molesta con todos, con el mundo y sobre todo con ella, se sentía débil y estúpida por no superar algo que parecía muy sencillo, algo que ya se había ganado pero que parecía no estar aprovechando.

Necesitaba un café para bajar su tensión y frustración, antes que desquitara toda su rabia en una inocente muralla.

Caminaba distraída buscando una cafetería, sólo miraba los espejos viéndose vacía de lo deprimida que se encontraba. Hasta que viendo a través de uno, pasando por alto su propia imagen se dio cuenta que encontraba frente a uno. Suspirando tratando de librar mentalmente un poco de improperios, abrió la puerta mirando sus propios zapatos al cruzar el umbral.

—¿Jum? —murmuraron al unísono, cuando Paulette chocó su cabeza bastante agachada en el pecho del que se le había cruzado en frente, levantó la mirada aún perdida tardando unos segundos en reconocerlo, inclusive el chico mechas castañas-rubias lo consiguió primero.

—Tú eres la chica del otro día —reconoció con una parcial sonrisa—. De verdad siento lo de la otra vez, pero en esta ocasión la culpa es tuya —rió un poco nervioso y preocupado.

Ella lo miró unos segundo más con inquietud, finalmente solo asintió.

—Soy Paulette Galé —se presentó algo cortante alejándose para volver a lo suyo y todo lo que surcaba por su mente.

Pero el chico la tomó delicadamente del ante brazo.

— Yo soy, Justin —se presentó algo a nervioso y con inseguridad en su propia voz para agregar dejando eso en el olvido— ¿Puedo invitarte un café en disculpas? —Sonrió— creo que algo te preocupa, soy bueno escuchando, claro, si quieres.

Paulette lo miró detenidamente no sabiendo bien que responder, con recelo y a la vez con un escalofrío recorriéndola que no podía explicar al observar como siempre lo hacía, directo a sus ojos café avellano.

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